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12Noviembre2014
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Redacción

ABANICOS DEL SIGLO WVIII EN EL LÁZARO GALDIANO

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La exposición "Abanicos del siglo XVIII en la Colección Lázaro", comisariada por Carmen Espinosa, conservadora jefe del Museo Lázaro Galdiano, es una selección de 24 piezas pertenecientes a la edad de oro del abanico, obras tempranas, del primer tercio del siglo XVIII, donde las referencias al barroco clasicista son evidentes; piezas en las que se fragua el gusto rococó que dio lugar al abanico galante, fiel reflejo de la vida refinada y placentera de la nobleza europea del segundo tercio de la centuria; y otras de estructura sencilla, que nos adentran en el estilo neoclásico y la moda Imperio.

La colección ofrece una variedad en cuanto a temas y autores. Así, se encuentran abanicos inspirados en asuntos mitológicos, históricos, galantes y pastorales, realizados sobre papel o vitela -piel de vaca o ternera, adobada y pulida-, materiales que permiten el plegado.

Las pinturas de Antoine Coypel, Charles Le Brun y sobre todo las de Jean Antoine Watteau y François Boucher, creadores de la fiesta galante y de la pintura pastoral, son otro gran referente para la decoración de los abanicos dieciochescos.

Variedad y calidad están presentes en los abanicos de esta muestra, desde el francés con la representación de la Alegoría de las Artes al italiano con una escena de toilette, que figuran entre las más ostentosas de la colección. También podemos deleitarnos con los elegantes varillajes realizados en marfil o carey con trabajo de piqué -técnica italiana adoptada en Francia e Inglaterra que consiste en la incrustación de pequeños fragmentos de oro y plata-, tallados y calados en forma de rejilla o puntos -grillé / pointillé-, a los que se añaden pequeñas láminas de madreperla, plata dorada o corlada, nácar y, en ocasiones, piedras preciosas en el adorno de las palas y en el clavillo -pasador que sujeta las varillas, las fuentes y palas, del abanico-.

La colección de abanicos, compuesta por noventa piezas, es un caso especial entre todas las que conforman la Colección Lázaro. Sus obras, nos explica Carmen Espinosa, son algo más que objetos de colección, fueron testigos mudos de una relación personal, la de los coleccionistas José Lázaro y Paula Florido: desde que se conocieron, en 1901, y hasta la muerte de Paula en 1932, Lázaro regaló a su esposa abanicos en dos fechas muy señaladas: el 15 de enero, día de su cumpleaños, y el 29 de junio, en que celebraba su onomástica. Estos abanicos responden al gusto de Lázaro que se esforzó por encontrar las piezas con las que agasajar a su esposa aunque, evidentemente, existió cierta complicidad pues conocía su preferencia por la época de Luis XV y Luis XVI. Los abanicos del XVIII estaban considerados, a comienzos del siglo XX y aún hoy, como verdaderas joyas, muy buscadas y de gran valor.

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